lunes, 10 de octubre de 2011

2 de octubre, 33º aniversario de su partida Envió Jorge Abot

La escalera
Jorge Abot. Buenos Aires, 2007.

En 1963, después de recorrer el largo pasillo de un típico conventillo en la calle Carlos Calvo, subí por primera vez la escalera de metal que llevaba al taller de Demetrio Urruchúa. Durante seis años, los días viernes y luego los sábados, subía por esa escalera, muchas veces con mis trabajos aún frescos en espera del juicio del maestro.
No trabajábamos en el taller de Urruchúa. Llevábamos nuestras obras y el maestro las corregía. Le dábamos una excusa para volcar sus creencias, su modo de vivir y pensar el arte. A esta metodología hoy la llamaríamos “lectura de obra” o “clínica”.
El taller estaba en penumbras. Adelante, en una pared iluminada  colgábamos los últimos trabajos. A un costado, en un sillón, el maestro. Un asiento vacío era ocupado por quien esperaba una respuesta a sus trabajos. El resto, una platea numerosísima escuchaba.
Cuando ya teníamos cierto tiempo en el taller, el maestro nos convocaba a dar nuestra opinión sobre el trabajo de nuestros compañeros. Luego el tenía la última palabra.
Seguía el proceso de cada uno y direccionaba sus consejos, tanto que a veces estos nos parecían contradictorios. Trataba de despertar en cada uno creencia, fe y trabajo.
“Creer es una hermosa palabra que contiene toda la historia del hombre, porque de la creencia parten todos los caminos y la fuente de la belleza  y el sabor de la vida....La duda y la incertidumbre son malas compañeras de un artista....”
“Es necesario quererlo todo y moldear con nuestras manos nuestro propio destino, porque así lo exige la función del arte.”
“La fe y la confianza serán eternamente los pilares de la vocación, el contenido de nuestra existencia y el fondo del arte.”
El trabajo.....exigía el compromiso del trabajo. Nada debía desviarnos del trabajo. Sólo y a través de él, podríamos expresar lo que la inteligencia organizaba y el espíritu del artista presentía. Por el trabajo conquistábamos el camino a la libertad, a la pintura, al arte.

Tiempos de lucha, creencias, utopías, de toma de posición. Estas luchas tenían su traducción en el campo cultural que se expresaban en antinomias simplistas, que según la pertenencia significaban la negación y la exclusión. Urruchúa no escapó a ellas. Sus series sobre “La guerra civil española,” “El ghetto de Varsovia”, “Argelia martir” o incluso sus estupendos trabajos sobre la Divina  comedia del Dante, lo redujeron a la calificación de “artista social”ó de artista que hacía  “arte político”.Toda su obra, sus murales, su pensamiento, su labor docente, fue  silenciada.

El mundo actual poco tiene que ver con el mundo que le tocó vivir a Urruchúa.
De los proyectos de futuro de largo plazo hemos pasado a los proyectos de corto plazo.     No hay “mercado” para proyectos de una buena sociedad a largo plazo.

El trabajo se precarizó y dejó de ser el refugio seguro en el cual además se construía solidaridad y cooperación.

Los ciudadanos hoy son consumidores.
“La vida se transforma en un paseo de compras…  ..La historia se reduce al eterno presente….Se vive un juego de constante terminar y empezar de nuevo desde el principio……La felicidad se privatizó, es aquí y ahora y no es condición la felicidad de los demás.” (Ullrich Beck)

Obviamente el arte no escapa a este nuevo sistema de valores.

Para Arhur Dantho la belleza es en el arte contemporáneo una opción y no una condición necesaria. Lo que importa es su significado. Y así entre el artista y público se crea la necesidad del decodificador.

La contemplación es reemplazada por la interactuación.
“Las obras de arte han dejado de ser autónomas y absolutas...”, y es el mercado el que les otorga valor y legitimación.
“El artista pasa de ser héroe y superestrella a convertirse en un prestador de servicios en la sociedad civil. El visitante de museos o galerías se convierte en héroe y superestrella equivalente como mínimo a la obra de arte y al artista”. (Peter Weibel, director del ZKM, Centro de Arte y Tecnología de Karl Sruhe, Alemania).

Cómo no va a ser un maestro olvidado o a olvidar Demetrio Urruchúa?

En septiembre de 1976 subí por última vez la escalera del taller. Fui a despedirme con angustia, partía a España. No podía irme sin saludarlo. “Hace bien en irse. No deje de escribirme, cuídese, no deje de trabajar. Todo va a ir bien”. Tuvo la gentileza de bajar conmigo las escaleras, muy lentamente. Creo que ambos sabíamos que esa era la última vez. Falleció dos años después.

Quince años más tarde volví al país. No sé que me impulsó a pasar por Carlos Calvo 1770. Nada existía. Todo había sido demolido. Ya no existía el taller.
Sin  embargo volví a subir la escalera de metal, traspasé la vieja y despintada puerta de madera. Y allí estaban charlando, discutiendo, entregando lo que siempre dieron a los demás: amor, belleza, creencia, fe, amor por nuestro país, ética. Eran los olvidados:   Urruchúa, Policastro, Fernando Spino, Roberto Arlt, Marechal, Murena, Tuñón, Vitullo, Spilimbergo, Manzi, Luis Franco, Sibellino, Delmonte, Pompeyo Audivert, Pilone,... y por la escalera seguían subiendo....

sábado, 8 de octubre de 2011

2 de octubre, 33º aniversario de su partida. Envió Marta Toledo.

viernes 19 de noviembre de 2010
Demetrio Urruchúa, el recuerdo que no cesa
Un pintor, autodidacta y precursor del movimiento muralista en la argentina(1902-1978).
En la década del 40 creó el Taller de Arte Mural,junto a Spilimbergo,Berni,Castagnino y Colmeiro,equipo que realizó la obra en la cúpula y lunetas de la galería Pacífico.Excelente grabador y también dramaturgo.Seguramente nunca hubiera imaginado el destino de aquella Galería perteneciente a los Ferrocarriles Pacífico, pero sí supo de su restauración, solo que su cuerpo ya no se le animaba a los andamios.
Cuando pienso en que también escribió obras de teatro,no puedo dejar de pensar en la teatralidad de su taller y de sus clases.Cursaba yo el secundario cuando la profesora de Dibujo, un día me llamó y me dijo:- a vos te interesa la pintura no? te puedo pasar la dirección del taller de un pintor,su taller está en la calle Carlos Calvo -, así fue que comencé a asistir a sus clases,los viernes y sábados.Los viernes llegaba con el delantal del colegio bajo el brazo y yo, era el libro en blanco.Siempre me trató como una discípula adulta,pintabámos en casa y en los días de clase hacìamos exposición de nuestros trabajos,ante la mirada de decenas de ojos y de orejas dispuestas a escuchar la voz del maestro.El salón estaba a oscuras,solo se iluminaba la pared donde colgábamos nuestros trabajos.Nadie interrumpía mientras el hablaba,una vez colgadas las pinturas miraba detenidamente en profundo silencio, luego se acercaba al viejo sillón donde comparecíamos y a veces posaba su larga mano sobre nuestro hombro - ¿Cómo anda amigo? -así rompía con firmeza el clima y comenzaba a analizar la obra.El "yo no enseño a pintar"fue su frase preferida para sus discípulos.Con el tiempo fui descifrando sus palabras.Sin intelectualizar parecía magia lo que en mí obraba.Guardo para siempre sus palabras.
Me quedo con la certeza que luchó por sus ideales sin renunciamiento y que siempre trató de sacar al artista que podía habitar en el interior de sus alumnos.
Olvidado? el tiempo y la historia de la pintura argentina sabrán de su inmenso aporte.
Hasta siempre maestro!

martes, 4 de octubre de 2011

2 de octubre, 33º aniversario de su partida. Envió Hilda Hisas.



"No hay palabras suficientes para expresar lo que ha significado URRUCHUA en mi vida. Fue la única persona que me comprendió e incentivó mi carácter, permitiendo expresarme artísticamente.
Mis mejores trabajos fueron realizados en ese tiempo bajo la conducción de este gran maestro."
 
Cariños
Hilda 

domingo, 2 de octubre de 2011

2 de octubre, 33º aniversario de su partida

¡Muchas Gracias a la artista plástica Marta Toledo que me cedió su permiso para publicar en mi blog esta foto de su autoría!

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 Maestro, Todas las palabras parecen carentes de contenido cuando las escribo, aquellas que son adecuadas se escapan y desdibujan en la arena del tiempo Pareciera que lo esencial no queda dicho.

Cuando te despedí comprendí, el gran vacío que me rodeaba no era sino la huella que habías dejado impresa en mi vida.

La llama pura que reconforta pero que no se consume, pese al paso del tiempo arde en mi corazón como el primer día, e hizo germinar en mi una nueva existencia y tu recuerdo crece en virtud de una secreta aunque sustancial correspondencia: el amor que es puro Amor y se acrecienta omnipresente. porque te sigo queriendo, te sigo extrañando, como hoy, solo hoy desde ayer y mañana también. Si no lo dijera, sé que no podría con mis emociones y lo que llevo adentro se convertiría en un manojo de remordimientos.  
Eres la estrella más brillante de mi cielo,  la que me sigue guiando cuando todo es confuso en mi adentro, o cuando logro ver con toda claridad el sendero. 
¡¡¡Gracias por todo, de corazón a corazon,  mi bienamado Meastro!!!.
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