El anaquel de los recuerdos...


                          
                      


En unas pocas horas amanecería y tendría que irse a Carlos Calvo,
pensó al abrir los ojos en la oscuridad del dormitorio. Saco las pier-
nas de la  cama y  apartó  cuidadosamente la ropa blanca. Avanzó
tratando de recordar la hubicación de los muebles.
Su cara se crispó en un gesto de dolor cuando se llevó por delante
una mesita ratona. "Siempre en el paso vos" pensó frotándose con 
vigor la rodilla.Renguente y sigiloso traspasó la penumbra lunar del
living hasta llegar a la cocina. El parpadeo invasivo de la luz blanca
lo encegueció fugazmente.
Abrió una de las alacenas,sacó una pequeña copa. Tomó la botella 
de  jerez,  el leve  temblor de su  mano derecha lo hizo estremecer, 
sintió un breve escalofío que reptaba por la espalda."Dejá de compa-
decerte viejo chambón".Se sirvió tan solo media copita  y se sentó a 
saborearlo.No podía tomar alcohol,estaba contraindicado con su me-
dicación. "A esta altura, poco importa".
Los recuerdos no se hicieron esperar, nombres, anécdotas y obras
se arremolinaron en un caleidoscopio peculiar que él recordaba de-
talle por detalle. "Si parece que fue ayer y ya han pasado poco más
de cincuenta años" Y allí frente a su ojo mental aparecía el viejo a-
naquel en donde atesoraba esos recuerdos,lo recorrió y aquella vez
en que echó a toda la camada de alumnos que se negaban a pintar
por miedo a no superar sus obras de primar  agua, lo enterneció.
Hoy eran casi todos pintores de renombre   y el temor los había es-
tancado,  iban al taller,   pero no presentaban nada.  Aquel sábado
se  encontraron con la  puerta cerrada.  Tímidamente  Tessarolo se
armó de coraje y golpeó la puerta:
- ¿Sí, camaradas? - 
- ¿Hoy no nos da clases maestro - preguntó Tessarolo.
-¡Este no es un club de barrio en donde se reunen los amigos a char-
lar! - Estalló el Vasco, irguiéndose en toda su estatura - Aquí se vie-
ne a presentar obras pictóricas, el que no esté de acuerdo ya sabe
qué debe hacer. ¡Hasta el sábado, compañeros! - La puerta de cerró
rotundamente como un contundente cachetazo.Pero al siguiente sá-
bado todos aparecieron con cartones entelados y bastidores bajo el
brazo. 
La libreta de cuero negro llamó su atención, se entiró para tomarla y
en las últimas páginas estaban anotados los nombres de los nuevos
cuatro nuevas posibilidades que pronto engrosarían su precioso ana-
quel. Buscó en el bolsillo del saco los lentes y se los calzó.
"Veamos, el señor es un doctor que debe lidiar con dos trabajos, no
le veo  uñas de  guitarrero.Esta señora pinta muy bien,  no creo que
dure mucho en el taller." Al leer el nombre completo de la brasileña
tuvo una visión: En un paisaje desértico, una serpiente se alzaba de-
safiante bajo la  sombra de un tigre.  "¡Ajá!  era lo esperado"  Al leer
el cuarto nombre los ojos verdes y confiados de la criatura le sonreí-
an  alegremente.  Tomó un  marcador rojo y lo encerró en un círculo.
"¡Caray con la muchachita! Tiene mucha fuerza y creatividad, eso es
bueno,  tiene mucho,  demasiadas  cosas  para dar  y  mi tiempo es
escaso"...  Cerró los ojos.  La certeza de que el abrazo eternal de la
Parca estaba cerca no lo sorprendió.
Cuando pudo abrir los ojos estaba amaneciendo.