jueves, 19 de mayo de 2011

Los extras en la ópera

Los intolerantes conocieron a todo cuanto artista cantante de fama mundial desfilaba
por el Teatro Colón y lograron afinar sus oídos en tal manera que advertían todo cuan-
to hacían o les ocurria con la voz. Les interesaba todo de la ópera,desde la puesta de
escena, la actuación de los coros, las voces, el trabajo de los cantantes y la dirección.
En ese tiempo se usaban focos laterales violetas, amarillos, verdes y blancos que no
podían soportar. Aún así lograron una participación como extras:  Colmeiro y Urruchúa
hicieron de dragones en Carmen infundiéndole tal realismo a la interpretación que se
las vieron en figurillas para detener a la cigarreras, y al ayudante de dirección que se
mezclaba entre ellos se le hacia difícil dominar los impulsos interpretativos de estos jó-
venes efusivos. Y así es que siempre ocurría toda clases de altercados del telón para
adentro.
Hasta que llegó por fin el turno a la ópera alemana y debutaron con Parsifal:
-"El barítono alemán que hacía el papel de Anfortas - nos contaba el maestro - tenía u-
na voz espectacular pero era una mole gigantesca que pesaba nada menos que 130
kilos. Nosotros debíamos transportarlo acostado en una portatina, eramos seis mucha-
chos que debíamos cruzar el escenario a paso muy lento hasta dejarlo en el fondo del
templo. cada cual ocupaba su puesto y esperabamos la orden de marchar con mucha
expectativa, la cual se oyó una vez que se hubo ubicado la mole dentro. Yo pasaba
frente al público por lo que me tocaba sostenerlo con la mano izquierda y cada vez me
resultaba más difícil sostenerlo. Así fue como en un momento dado sentí que ese enor-
me peso caía sobre mí, entonces frente a la boca del apuntador caí de rodillas y Anfor-
tas rodó por el piso cuan largo y gordo era.En la sala hubo murmullos, a decir verdad
no sé cómo se acomodó nuevamente pues yo estaba ocupado en levantarme y tratar
de levantar nuevamente la portatina. Logramos por fin dejarlo en el sitio convenido.
Cuando cayó el telón  el Anfortas este se me vino al humo y me gritó quién sabe cuán-
tas cosas horribles, a las que yo contesté con frases no menos delicadas. Como nin-
guno de los dos entendía al otro, la cosa no pasó a mayores".-
Éstas son algunas de las anécdotas que recuerdo. Y viene a probar que además de
intolerantes Urruchúa y sus amigos eran bastante revoltosos y traviesos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por comentar en mi blog. Recibe un abrazo de osa desde la Capital Federal de Argentina ~Susana Rosa~